Es curioso cómo puede cambiar el concepto de alguien con el paso del tiempo. No hace tanto que todas las miradas del golf mundial estaban puestas en ese joven e imberbe españolito que ponía contra las cuerdas al mismísimo Tiger Woods en las calles del Medinah CC en nada menos que un PGA Championship. O aquel mismo chico que se cobraba victimas, una tras otra, defendiendo los colores del viejo continente en la Ryder Cup.
Pero de todo ello, ahora queda poco, "El Niño" ya no es tal niño y su palmarés, dista mucho de lo que en aquellos tiempos se soñaba para él. En realidad no son sus números lo que no cuadra con su talento; 7 victorias en el PGA Tour, incluyendo un The Players Championship, 8 en el European Tour, ganador de 3 Ryder Cup y 6 Top-5 en Majors, no conforman una trayectoria nada desdeñable. Pero todos esperábamos más, incluido él mismo.
Supongo que esperábamos un rival para Tiger, un competidor, alguien capaz de plantar cara al mejor de los mejores, alguien que nos hiciese vibrar, aunque no siempre saliese victorioso... en definitiva esperábamos que siguiese siendo ese jugador que conocimos en Medinah.
Desgraciadamente no ha sido así, Sergio se ha ido viniendo abajo poco a poco, ha ido perdiendo la confianza en su juego paulatinamente, sin que nada ni nade haya podido rescatarle. Es probable que el punto de inflexión de esta situación se diese en el British Open de 2007 en Carnoustie; todo estaba de cara, había jugado unas 3 primeras rondas maravillosas, pero algo pasó el último día. Las cosas no iban saliendo y quizá no supo manejar aquella situación. Perdió su ventaja y llegó al tee del temido 18 con la obligación de hacer par para ganar. El resto es historia, y quizá, sólo quizá, allí pudo cambiar su historia.
Desde entonces Sergio ha ido a menos, sólo en el PGA del año siguiente pareció que podría cambiar su historia, pero otra vez Harrington y otra vez un leve tufillo a "miedo a ganar" le dejaron con la miel en los labios.
Sergio no está bien, pero no es por su putt o por su juego largo, no es porque no haya manejado bien algunas últimas vueltas o porque flaquee en momentos de presión. Esta mal porque no disfruta, y de esto hace ya mucho tiempo. Ni siquiera su punto fuerte, su hábitat, el match play, se ha salvado de esta situación. Ya no es ese jugador que cambiaba radicalmente cuando se enfrentaba a un rival en duelo directo, ahora hasta le pasan por encima, y él parece que ni se molesta, como demostraba su distendida actitud en el Accenture Match Play mientras Poulter le daba un repaso.
Sergio tiene un don especial, cientos de veces hemos escuchado a gente del golf decir que tiene uno de los mejores, si no el mejor, golpeo de bola del circuito. Su juego desde el tee maravilla a los espectadores, y a pesar de la fama que le precede, su putt funciona mejor de lo que parece. Dicen que para ganar un grande primero hay que perderlo, esperemos que Sergio sea capaz de ver el bosque a través de los árboles y que pueda demostrar lo que en realidad es, un grandísimo golfista.
Para ello, sólo me atreveré a darle un pequeño consejo. Debe disfrutar, debe ser consciente de la posición en la que se encuentra, del talento que tiene y de las posibilidades que se abren ante él. Y debe desearlo, desearlo con todas sus fuerzas. Entrenar, trabajar y jugar no sirve de nada si no tienes un objetivo claro y lo quieres antes que cualquier otra cosa.
Ganar en el deporte profesional es inmensamente difícil, pero si hay uno en concreto donde es más difícil que en el resto, ese deporte es el golf.
Espero que encuentre su motivación, y que dé todo por conseguirlo... tiene gran parte del camino recorrido, pero siempre los últimos metros son los más difíciles.
Animo Sergio.