Como en todas los periodos de crisis ocurre, siempre es el débil el mas perjudicado y olvidado. Y el golf no iba a ser distinto en esta ocasión. Todos eramos conscientes, al comenzar esta temporada, que las dificultades económicas por las que atraviesa la mayor parte de la sociedad mundial iban a repercutir directamente en el mundo del golf. Han corrido ríos de tinta hablando sobre la perdida de patrocinadores, la caída de torneos y la disminución de los premios; pero poco se ha comentado de una de las consecuencias que ha traído todas estas penurias.
Sin tantos torneos donde elegir, y con poco dinero en los mismos, muchos de los jugadores que suelen ocupar las pimeras posiciones de a R2D y que solo jugaban los torneos donde los premios eran realmente atractivos, han tenido que "bajar un escalón" y comenzar a participar en los eventos de menor categoría. La consecuencia directa de ello ha sido, evidentemente la saturación de jugadores en cada parada del Tour, con el lógico resultado de la salida de los jugadores con peor ranking.
En cierto modo, puede sonar hasta atractivo para el espectador, mas jugadores de mejor nivel, igual a mas espectáculo.
Pero el problema de esa fugaz pasada por el asunto, es que nos dejamos en el tintero una reflexión, cuando menos, preocupante. Dado el formato de entrada y participación en las pruebas del European Tour, las categorías en las que empiezan a escasear las plazas son las reservadas a la escuela de clasificación del circuito y a los graduados del Challenge Tour. Eso significa que aquellos jugadores que consiguieron pasar la durísima prueba de la calsifiación, en muchos casos jóvenes promesas que quieren demostrar su valía y cojer el testigo de aquellos que van retirándose, se ven ahora con que apenas pueden participar en un puñado de torneos en los que muy bien les tendrá que ir para conseguir mantener la tarjeta a final de año.
Parece que desde el Europan Tour se han dado cuenta del desajuste al que se enfrentan, que se están valorando una serie de medidas para intentar solucionarlo. Se habla de reducir el número de jugadores que mantienen la tarjeta cada año, de reducir el número de plazas desde el Challenge Tour o desde la escuela, de limitar el número de jugadores de las ordenes de mértio regionales (algo realmente complicado cuando los torneos son co-sancionados con algún otro circuito), y alguna otra idea.
Sea como fuere, el European Tour debería tomar medidas antes de que problema crezca, y dar la oportunidad a los jugadores graduados en la escuela o el Challenge de demostrar si realmente valen para esto.